lunes, 3 de septiembre de 2012

¿DIOS ES TAN AMOROSO QUE NO VA A MANDAR A NADIE AL INFIERNO?

Breve introducción 

“¿Dios es tan amoroso que no va a mandar a nadie al infierno?…” Esa es la premisa que viene de aquellos que cargan en alto la “Bandera del amor”. Hace como una semana he estado meditando sobre un comentario expresado por una señora con fuerte acento católico, la cual opinaba que Dios no mandaría a nadie al infierno porque DIOS ES AMOR. Esta misma idea también se pregona y abunda en las falsas doctrinas de los llamados “Profetas del éxito y de la prosperidad” o dentro del movimiento ecuménico (su lema: “Todas las religiones llevan a Dios...”). El concepto del “Dios eternamente amoroso que salvará a todos” proviene de la “Teología de la Redención universal” o “Universalismo”. Si Dios es Amor, según los que piensan de este modo, y que no va mandar a nadie al infierno, si mueren como pecadores no perdonados por la sangre de Cristo; si en esto se basan como “evangelio”, tenemos, al menos, doce problemas bíblicos muy graves y con sus respectivas y terribles  consecuencias. 

Revisión de los 12 problemas que representan la falsa teología de la redención universal según el contexto de la Biblia

1. La primera venida de Cristo es en vano
Con esta clase de pensamiento universalista ¿A qué vendría Cristo si nadie sería condenado? Nuestro SEÑOR en más de una ocasión ha expresado autoritariamente que Él mismo fue enviado al mundo para salvar lo que se había perdido (Léase Lucas 19.10) y que Él daría su vida en rescate de muchos (Léase Mateo 20.28; Marcos 10.45). Él se dio a sí mismo por los que han depositado su fe en Él para redimirlos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Léase Tito 2.14). Y todo esto ha sido por voluntad del Padre que le envió (Léase Juan 4.34, 5.30 y 6.38).

2. Es una fuerte agresión a la obra expiatoria de Jesucristo en la cruz del Calvario 
Porque la Biblia dice, tanto el AT como en el NT, que Jesucristo llevó el pecado de todos nosotros como sacrificio, muriendo como nuestro Sustituto y, que por medio de Él, recibiésemos el perdón de pecados (Léase Isaías 53. 6, 10; Juan 1.29; Hebreos 9.26, 28). 

3. Se tiene por inmunda la sangre de Cristo 
Pues la Biblia enseña que sólo los salvos son comprados a precio de la sangre de Cristo y por medio de ella tenemos redención y perdón de pecados (Léase Efesios 1.7, Colosenses 1.14); somos justificados y ser libres de la ira de Dios (Léase Romanos 5.9); ya que sin derramamiento de sangre no hay remisión (perdón de pecados; léase Hebreos 9.22). Escrito está también que el que “pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia”, recibirá mayor castigo de Dios (Léase Hebreos 10.29). 

4. Es un ataque violento al sacerdocio de Cristo 
Nuestro SEÑOR ha sido constituido como el único mediador del Nuevo Pacto, y es también mediador entre Dios y los hombres, y que en Su nombre, es el único medio por el cual todos los creen serán salvos (Léase Juan 3.36; Hechos 4.12; 1 Timoteo 2.5; Hebreos 8.3-6). 

5. La fe en Cristo es innecesaria 
La Escritura también declara que sólo por medio de Jesucristo hay salvación (Léase Hechos 4.12). La fe en Él es necesaria para la salvación (Léase Juan 3.16-18, 36). Desechar a un lado la fe, es menospreciar la gracia de Dios la cual se ha manifestado a todos los hombres (Léase Efesios 2.8-9; Tito 2.11). Por último, sin fe, es imposible agradar a Dios (Léase Hebreos 11.6a). Como consecuencia de no creer en Jesucristo, ya es condenado eternamente (Léase Juan 3.18). Si por causa de no creer en Jesús como SEÑOR y Salvador, entonces el hombre no será beneficiario de los dones de Dios, los cuales se consiguen por medio de la fe: El perdón de pecados (Léase Hechos 26.18), la salvación por gracia (Efesios 2.8), la vida eterna (Léase Juan 3.36), la justificación (Léase Romanos 5.1), la adopción como hijo de Dios (Léase Juan 1.12), el Espíritu Santo (Léase Efesios 1.13) y el nuevo nacimiento (Léase 2 Corintios 5.17-18).  

6. Se repele la verdad del juicio y del castigo eterno
Esta negación de la obra de Cristo repele la justicia de Dios y Su justo juicio; pues la Biblia aclara una y otra vez que todos sin excepción y sin acepción de personas seremos juzgados después de morir (Léase Salmo 73; Mateo 3.11-12, 7.21-23, 11.20-24, 13.24-30 y 36-43, 25.31-46; Lucas 10.13-16, 13.25-27; Romanos 2; Hebreos 9.27; Apocalipsis 20.11-15). La condenación eterna es solo para aquellos que no heredan el reino de Dios: Los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los afeminados, los homosexuales, los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes, los estafadores, los irreverentes, los profanos, los parricidas, los matricidas, los homicidas, los sodomitas, los secuestradores, los mentirosos, los perjuros, los que se opongan a la sana doctrina; entre otros (Léase 1 Corintios 6.9-10; 1 Timoteo 1.8-11).

7. Se implica al Dios Trino hallado mentiroso 
Cristo ha dejado en claro el propósito de Su venida al mundo que es salvar a Su pueblo de sus pecados (Léase Lucas 1.21) por medio de la fe (Léase Efesios 2.8-9) y que el mundo está en tinieblas (Léase Juan 3.19-20). Afirmar que Dios no va a mandar a nadie al infierno, es poner en tela de duda el testimonio de Cristo que, a su vez, es el testimonio del Padre (Léase Juan 3.31-35). Y negar su testimonio, es negar que la verdad está en Él, pues Él mismo es la verdad (Léase Juan 14.6, 18.37 y 19.35). Jamás en Jesús se halló mentira ni engaño en Su boca (Isaías 53.9). Si Él testificó que el mundo le negaría porque no quiere que sus malas obras sean reprendidas, y que todos han pecado; ésa es la verdad y es conforme al evangelio; esta es la doctrina que Dios le ha dado a Jesucristo (Léase Salmo 14.1-3; Juan 3.19-20, 7.16; Romanos 2.16, 3.10-18, 1 Timoteo 1.8-11). Por último, al Espíritu Santo no es tomado en cuenta como Guía de la verdad que se halla en las Escrituras y Él da testimonio de Jesús (Léase Juan 16.13; 1 Juan 2.20, 27). Ante esto afirmo: “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Léase Romanos 3.4a). El único ser espiritual que siempre será hallado como “Padre de Mentira” es Satanás y es quién promueve el espíritu de anticristo detrás de esta falsa teología (Léase Juan 8.44; 1 Juan 4.1-6).  

8. Se pone en tela de duda la veracidad de la Biblia 
Asumir que nadie será condenado, es negar la credibilidad de las Sagradas Escrituras como Palabra de Dios. Pues las Escrituras son la Palabra profética más segura y que fue inspirada por Dios (Léase 2 Timoteo 3.16-17; Pedro 1.19). Por último las Escrituras son las que nos harán sabios para la salvación que es por la fe en Cristo Jesús (Léase 2 Timoteo 3.15). Añadir u omitir cualquier palabra de la Escritura recibe maldición de parte de Dios (Léase Deuteronomio 12.32; Apocalipsis 22.19). Como en el caso de sólo predicar que el solo amor de Dios no enviará al infierno a nadie sin juicio se cataloga como una omisión escritural.       

9. Se presenta un evangelio diferente que atrae maldición 
La Biblia dice que Cristo murió por nuestros pecados, que fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras. Sin embargo, se presenta otro evangelio diferente, otra “buena noticia”: Que Dios es tan bueno y amoroso, que a nadie va a mandar al infierno. La Biblia dice que quien presente un evangelio diferente, sea anatema, es decir; maldito por Dios (Léase Gálatas 1.8-9). Al ser un evangelio diferente, que provoca comezón de oír, tiene como terrible consecuencia que más incautos sigan muertos en sus delitos y pecados (Léase Efesios 2.1, 5; Colosenses 2.13; 2 Timoteo 4.3-4). Esto contribuye más a la apostasía de la iglesia actual, tal y como fue profetizado (Léase Mateo 24.4-5, 11-12; Marcos 13.5-6, 21-23; Lucas 21.8; 1 Tesalonicenses 2.3-4).  

10. La persistencia en enseñar diferente doctrina a conciencia abierta acarrea condenación
La Escritura advierte que no hagamos maestros mucho de nosotros, pues podríamos acarrear condenación (Santiago 3.1), pues los que son indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras para su propia perdición (Léase 2 Pedro 3.14-16). Pues el maestro o pastor, como bien dice el apóstol Pablo “no debe ser un neófito (recién convertido), no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (Léase 1 Timoteo 3.6). Son éstos los que causan divisiones y tropiezos en la doctrina en contra de la sana doctrina y se nos manda apartarnos de ello (Léase Romanos 16.17). Si éstas personas llegan a ser (o son) falsos profetas y falsos maestros, en el día del juicio el SEÑOR les dirá: “No los conozco. Apartaos de mí, hacedores de maldad”; pues ¿Cómo les conocerá y les recibirá si le han negado a Él y a Su obra expiatoria en la cruz? Aún si en Su nombre profetizaron, echaron fuera demonios e hicieron muchos milagros (Léase Mateo 7.21-23). Como se ha mencionado anteriormente, el tema del juicio de Dios y la condenación eterna es parte del evangelio (Léase Romanos 2.16, 3.10-18, 1 Timoteo 1.8-11) y esta conforma la doctrina de Jesucristo y Él nos ha mandado a guardar lo que nos ha enseñado por medio Su Palabra (Léase Mateo 28.19-20; Juan 7.16). Sólo Uno es el maestro y ése es Jesucristo (Léase Mateo 23.8) y el Espíritu Santo, a quien el Padre envió en Su nombre, y Él nos enseñará todas las cosas y nos recordará todo lo que Él ha dicho (Léase Juan 14.26). 

11. La iglesia pierde su razón de existencia y vigencia 
Si se persiste en hallarse convencido de que nadie será condenado ni tampoco pasará por juicio ni al infierno, la iglesia de Cristo tampoco debiera existir. Porque la iglesia fue fundada por Jesucristo siendo Él el fundamento (Léase Mateo 16.18; 1 Corintios 3.11) y a precio de Su sangre (Léase Efesios 1.7, Colosenses 1.14). Si la venida de Cristo al mundo es en vano, entonces se abandona también a Él como cabeza y principal autoridad de la iglesia (Léase Efesios 5.23, 24; Colosenses 1.18), porque Jesús es solo Salvador de los creen (Léase 1 Timoteo 4.10).

12. El Cristianismo carecería del principal fundamento de la fe 
La base del Cristianismo se liga a la cruz de Jesucristo, y si es un Cristianismo sin cruz; no existiría como tal. Afirmar que se puede ganar el cielo sin la mediación Cristo, es derrumbar el camino de la salvación que Dios proveyó para nosotros. Jesús mismo declaró enfáticamente que Él es el Camino, y la Verdad y la Vida, y nadie puede ir al Padre sino es por medio de Él (Léase Juan 14.6). En tal caso, sería una religión, como cualquier otra: Muerta, sin rumbo y repleta de engaños. 

Conclusión: ¿Cómo demostró Dios Su amor por los hombres?
¡¡Qué consecuencias tan drásticas les esperan aquellos que creen en esta teología universalista!! Y las razones por la que no se quiere creer en que el hombre será condenado sino deposita su fe en Cristo son variadas: Por no estudiar el contexto de la Biblia y su interpretación correcta, por ignorancia asumida y deliberada, por necedad y orgullo humanos, por una deficiente apologética religiosa que rechaza la gracia de Dios, por enemistad a Cristo, etcétera.  

Ahora bien, con esto, no digo que Dios no sea amor, ni niego la esencia de ello. El problema no está en si Dios ha demostrado Su amor, sino en CÓMO DIOS HA DEMOSTRADO SU AMOR. Esto implica una diferencia abismal sino se interpreta correctamente la Escritura, permitiendo que ella hable por sí sola. Tan sólo basta mirar el pasaje completo que contextualiza la frase “Dios es amor”:

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4.8-10; subrayado añadido).

Yo le insto de favor a que lea el capítulo completo de la primera epístola del apóstol Juan. Otros dos pasajes suficientes respaldan sobre cómo demostró Su amor por la humanidad:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.16).

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5.6-8; subrayado añadido).

Dios es santo y, por tanto, debe castigar al infractor Su ley (mosaica o la que se manifiesta en la conciencia, según Romanos 2 y 1 Juan 3.4). Pero a Dios le ha placido en Su amor proveer una salvación al pecador, una solución para escapar de Su ira, cuyo único requisito es la fe en Cristo Jesús; que conlleva a arrepentirse de sus pecados. Y esto le ha placido por cuanto no hay un solo justo que pueda justificarse delante de Dios por medio de las obras. Entonces, por amor a la humanidad provee al único Cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1.29). En esto se ha mostrado el amor del Padre para con nosotros.

¡Solo a Dios la gloria!